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La industria alimentaria acuerda con la UE mejorar la calidad de los alimentos


Durante la reciente conferencia organizada por la actual presidencia de la Unión Europea (Holanda), en la que han participado responsables de la industria alimentaria, organizaciones no gubernamentales, los Estados miembros de la UE, el Comisario Europeo para la Salud y la Seguridad Alimentaria y representantes de la OMS (Organización Mundial de la Salud) entre otros, se ha presentado un documento en el que se da a conocer una hoja de ruta o plan de trabajo para mejorar la calidad de los alimentos que se comercializan en Europa.

La industria alimentaria ha acordado trabajar con la UE para hacer más saludable el suministro de alimentos realizando un plan de reformulación voluntaria lanzado por la presidencia holandesa. En dicho plan se habla de un compromiso para reducir el nivel de grasas saturadas, azúcares añadidos y sal en los alimentos, el plan establece como fecha límite el 31 de diciembre de 2020 para cumplir los objetivos acordados. Se trata de una iniciativa interesante, pero el hecho de que sea voluntaria puede hacer pensar que pocos serán los objetivos que se cumplan.

Las iniciativas de carácter voluntario no suelen ser efectivas, en muchas ocasiones fracasan, inicialmente los que suscriben un acuerdo parecen mostrar un claro compromiso, pero a la hora de la verdad muchos puntos de estos acuerdos y pactos no se cumplen. Como hemos comentado en otras ocasiones, lo mejor es poner en marcha una norma que obligue a realizar dichos cambios como el mejor camino para lograr el objetivo, en este caso, mejorar los alimentos que se comercializan en Europa.

El presidente de FoodDrinkEurope, confederación de la industria alimentaria de la UE que aglutina 26 asociaciones nacionales relacionadas con la industria de los alimentos y las bebidas, declara que celebra esta iniciativa de reformular los alimentos y bebidas presente en la agenda de la Unión Europea. Asegura que los esfuerzos que se realizan a nivel individual en cada país deben coordinarse a nivel comunitario, eso sí, siempre que sea posible, teniendo en cuenta el contexto local, los hábitos de cada país, las dietas y preferencias de los consumidores.