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* Los hidratos de carbono deben aportar entre el 50 y 60% del total de la ingesta calórica diaria


Los hidratos de carbono son necesarios porque son la fuente de energía fundamental que utiliza el organismo para mantener la actividad en todos los tejidos.

La llegada de la primavera supone el pistoletazo de salida para la proliferación de dietas de adelgazamiento que prometen pérdidas de peso de forma rápida aunque signifiquen a su vez un perjuicio para nuestra salud. Uno de los nutrientes que habitualmente queda desterrado de estas dietas son los hidratos de carbono, a los que erróneamente se les vincula con el aumento de peso y son reemplazados por las proteínas. Sin embargo, los expertos insisten en que una alimentación equilibrada, variada y moderada debería incluir entre el 50 y 60% de la ingesta calórica diaria a partir de los hidratos y advierten que su carencia puede provocar importantes problemas de salud.

En opinión del doctor Angel Gil, presidente de la Fundación Iberoamericana de la Nutrición, “eliminar los hidratos de carbono de la dieta diaria en pro de las proteínas no tiene ningún sentido, porque cuando consumimos un exceso de proteínas debemos metabolizarlo y eliminar los compuestos, tarea que se complica y provoca problemas en el organismo”.

Existen numerosos tipos de hidratos de carbono en nuestra alimentación diaria: Desde los considerados simples como la glucosa, fructosa, galactosa, sacarosa y lactosa, a los hidratos complejos como almidones y féculas. Podemos encontrarlos en alimentos como los cereales, pan, pastas, frutas y verduras. “Los hidratos de carbono son necesarios porque son la fuente de energía fundamental que utiliza el organismo para mantener la actividad en todos los tejidos. De hecho, si consumiéramos de forma sostenida una cantidad inferior al 20% de hidratos de carbono se elevaría el riesgo de muerte”, explica el doctor Gil.

Tal como argumenta Carolina Muro, Directora de la Unidad de Nutrición de la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), la alimentación debe cumplir cuatro objetivos fundamentales: ha de aportarnos energía, ha de incorporar sustancias necesarias para nuestro metabolismo, debe reducir el riesgo de enfermedades y tiene que contribuir con sustancias para formación, crecimiento y reparación de estructuras corporales. En este sentido, añade el doctor Angel Gil, “la salud pasa por la ingesta de una dieta moderada, en cuanto a cantidad, y variada en cuanto a calidad. Seguir las recomendaciones nutricionales de la Dieta Mediterránea posibilita esa variedad”.

Fuente: FIAB