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Comida a la carta hecha en Murcia


Tecnificación, clima, suelo y capital humano son las armas con las que el sector agroalimentario regional lucha para evitar que la competencia de países terceros erosione su hegemonía en Europa. El sector agroalimentario capea la crisis adaptando su producción a la demanda y potenciando las exportaciones.

Las cifras pueden promover el optimismo entre el sector, pero la realidad es que pese a esta alza de las ventas al extranjero, Murcia se enfrenta a un horizonte de despiadada competencia por parte de países de fuera de la Unión Europea y al sempiterno problema de los ajustados márgenes que reciben los agricultores por sus productos. De hecho, estos márgenes se han estrechado más si cabe a causa de la crisis, como confirma Juan Bravo, presidente de Proexport: "El sector está vivo gracias a que se ha adaptado a la crisis y a la competencia con políticas agresivas de precios para evitar que se cuelen en nuestros mercados productos marroquíes o turcos», explica, «pero ese mantenimiento de la cuota de mercado ha mermado el beneficio que reciben los productores".

Esta estrategia funciona, pero no es sostenible a largo plazo. Desde la Comunidad Autónoma se habla de luchar contra la competencia de "países terceros", pero no con sus mismas armas. "No podemos poner aranceles y bajar costes laborales, por lo que la solución sigue pasando por aumentar los rendimientos y las calidades de nuestros productos", señala Ángel García Lidón, director general de Industria Agroalimentaria y Capacitación Agraria.

Reducción de márgenes

Otra estrategia -común entre otros sectores, como el turismo- sería la desestacionalización. Lo que viene siendo ofrecer productos tempranos y tardíos, fuera de las habituales temporadas. En Murcia se hace ya con las clementinas, que alcanzan buenos precios porque la demanda es ahora casi constante -el consumidor quiere el producto durante todo el año-, pero la producción sigue en parte "esclavizada" por las condiciones climatológicas. Ese problema -que tienen sobre todo los productores de agriculturas menos tecnificadas que la nuestra, sobre todo en los países de fuera de la UE- se ha convertido en una ventaja para la Región.

Su privilegiado clima y el uso de técnicas de control de temperatura, humedad y maduración ha conseguido que para pasmo de nuestras abuelas, los mercados tengan melones, melocotones y sandías en noviembre o fresas en pleno verano. "Hay que producir lo que se vende, adaptar la producción a la demanda, orientarla a lo que quiere el mercado", señala Juan Bravo. Y es difícil explicarle a un sueco amante de la -por poner un ejemplo- sandía que no puede comerla en febrero porque está fuera de temporada. Así que se trabaja para diseñar una variedad más resistente al frío y se cultiva en invernadero. El lineal del supermercado de Oslo tiene sandías en febrero y la Región hace caja mientras los países terceros siguen produciendo fruta y hortaliza de temporada.

Capacidad de adaptación

Otro ejemplo de la enorme capacidad de adaptación del sector es la uva de mesa. En apenas tres años, la Región se ha hecho con el 90% de la producción que se exporta, gracias sobre todo a la adaptación. Los consumidores querían una uva sin semillas (apirena), de sabor dulce y color oscuro cuando hace apenas un lustro nuestra producción era justo lo contrario. El trabajo del Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (Cebas), dependiente del CSIC, además del de las empresas de Apoexpa y el apoyo financiero europeo a través del programa ITUNE, obraron el milagro y en tres años la Región ofrecía la uva que se demandaba. De ahí a copar el mercado solo hubo un paso.

Esta "orientación" de la producción evitaría las crisis de sobreexplotación y las imágenes, siempre impactantes, de la destrucción de excedentes para mantener el control de los precios.

"El sector agrícola de la Región ha conquistado en los últimos 30 años la totalidad del mercado europeo", señala el consejero de Agricultura, Antonio Cerdá. Reino Unido, Alemania, Francia e Italia son los principales consumidores de nuestras producciones agroalimentarias. Fuera de la UE, Estados Unidos y Suiza son nuestros mayores mercados extracomunitarios. Al menos por ahora.

Porque la Región sigue abriendo nuevos mercados sin parar. El de Rusia (más de 300 millones de consumidores potenciales) se da ya por "consolidado" en los últimos tres o cuatro años, como señalan desde Proexport. Iniciativas como cargar un barco de limones y llevarlo a San Petersburgo merecieron ser portada de este diario en diciembre de 2003, pero hoy en día Rusia paga casi 13 millones de euros por la fruta "made in Murcia". Justo el doble que en 2010. De hecho, el 44% de la fruta que se exporta al gigante del Este procede de la Región. En total, Murcia le factura a los rusos 28,7 millones de euros por sus productos agroalimentarios, un 40% más respecto al pasado ejercicio.

Pero también se trabaja en los países del Este integrados en la UE, «sobre todo Polonia, República Checa y Hungría», explica Juan Marín, quien cree que estos mercados emergentes han logrado disipar el efecto que la crisis de la E.Coli tuvo en las exportaciones regionales, sobre todo a Alemania. Según los datos de la Consejería de Agricultura, las hortalizas murcianas dejaron de facturar 9 millones de euros (sobre un total de exportaciones agroalimentarias de 491 millones) el pasado año en la locomotora económica de la UE.

Los datos confirman la tesis del presidente de Proexport, ya que los países del Este integrados en la UE incrementaron en 12,5 millones de euros sus compras de productos agroalimentarios a la Región. La mitad de ese incremento se logró solo en Polonia, y una parte importante se logró a través de nuestros vinos.

Fuente: Plan de Promoción Experior (Región de Murcia9