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* La industria de alimentación y bebidas apuesta por una mayor integración para potenciar su competitividad


El sector de la alimentación necesita afrontar un proceso que favorezca una mayor integración empresarial con el objetivo de potenciar su competitividad. Esta es una de las principales concusiones que se desprenden del estudio "Competitividad y tamaño en la industria de alimentación y bebidas" presentado hoy por la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) y la Fundación Cajamar.

El estudio, realizado por el servicio de estudios de Cajamar, analiza la relación entre competitividad y dimensión empresarial en la industria de la alimentación y bebidas en base a tres vectores clave: innovación tecnológica, internacionalización y financiación.

"Este estudio pone de relieve la importancia que la dimensión tiene para las empresas del sector agroalimentario, algo que no sólo es cierto en la industria, sino que también debe afrontarse en el primer eslabón de la cadena agroalimentaria, debido a la transformación que ha significado para esta cadena el surgimiento de la Gran Distribución", apuntó David Uclés Aguilera, Director de Estudios Socioeconómicos de la Fundación Cajamar.

Por su parte, Horacio González Alemán, Director General de FIAB, subrayó que "creemos necesario aplicar políticas de integración empresarial para aspirar a crear una tejido industrial más competitivo más si tenemos en cuenta que, desde el punto de vista de la competitividad, las pymes españolas del sector están por encima de la media de la Unión Europea, lo que corrobora el papel de esta industria como uno de los reductos de la economía española".

Con una facturación de 80.700 millones de euros prevista para el cierre de 2011, 444.000 empleados, la aportación del 7,6% al PIB nacional y una balanza comercial positiva de 1.088 millones de euros entre enero-noviembre de 2011 (datos del ICEX), la industria de la A&B se presenta como uno de los motores de la economía española.

Sin embargo, se trata de un sector sobre-atomizado -con más de 30.000 empresas y un 96% de pymes-, cuya falta de dimensión limita su crecimiento y competitividad. Si bien esta atomización se trata de una característica generalizada de esta industria en la UE, es especialmente significativa en los países mediterráneos por su gran tradición agroalimentaria.

El estudio destaca que durante los últimos 15 años se ha producido una progresiva reducción del número de empresas, que se ha traducido en una mejora de su dimensión. Prueba de ello es que mientras en el conjunto de la economía española ganaron peso las microempresas (menos de 10 trabajadores) en la industria agroalimentaria se produjo un movimiento contrario, el peso de este tipo de empresas a favor de tamaños superiores fue notable. Este fenómeno fue especialmente reseñable en el caso de las industrias lácteas, con un 4,2%, las dedicadas a las bebidas, de un 1,4%, y las grasas y aceites vegetales, que crecieron en un 1,4% (datos correspondientes al periodo 1994-2009).

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Fuente: Agronline