El cambio climático y la creciente escasez hídrica representan uno de los principales desafíos estructurales para la industria alimentaria. La reducción en la disponibilidad de materias primas, consecuencia directa de episodios de sequía más prolongados y recurrentes, junto con el incremento del coste energético, está impactando de forma significativa en la competitividad y sostenibilidad de las empresas del sector.
En este contexto, resulta imprescindible avanzar hacia modelos productivos más eficientes, resilientes y sostenibles, apoyados en la innovación tecnológica y la optimización de los procesos de transformación y conservación de alimentos.
Impacto del contexto climático y energético en la industria alimentaria
La menor disponibilidad de agua afecta directamente a la producción primaria, condicionando tanto el volumen como la calidad de las materias primas utilizadas por la industria transformadora. Esta situación obliga a las empresas a adaptarse a una mayor variabilidad de los productos de entrada y a reforzar el control de los procesos para garantizar la calidad y seguridad alimentaria.
De forma paralela, el aumento de los costes energéticos supone un reto adicional, especialmente en aquellas operaciones con una elevada demanda térmica o frigorífica, como la cocción, esterilización, pasteurización, refrigeración o congelación. La eficiencia en el uso de la energía se convierte, por tanto, en un factor clave para la viabilidad económica y ambiental de las plantas industriales.
Innovación tecnológica para la mejora de la eficiencia hídrica
El agua es un recurso estratégico en la industria alimentaria, tanto por su uso directo en los procesos como por su papel en las operaciones de limpieza y desinfección. En este ámbito, la adopción de soluciones tecnológicas innovadoras permite reducir el consumo hídrico y mejorar la gestión del recurso, sin comprometer los estándares de calidad y seguridad.
Entre las principales líneas de actuación destacan:
- Optimización y reutilización del agua de proceso, mediante sistemas de recirculación y tratamientos avanzados que permiten su reaprovechamiento en determinadas etapas.
- Implantación de sistemas de limpieza y desinfección eficientes, basados en tecnologías CIP optimizadas y controladas digitalmente.
- Monitorización y control en tiempo real del consumo de agua, facilitando la detección de ineficiencias y la toma de decisiones basada en datos.
- Rediseño de operaciones de procesado, orientado a la reducción del consumo hídrico en etapas críticas como el lavado, escaldado o enfriamiento.
Estas estrategias contribuyen, además, a la disminución de la generación de efluentes y a la mejora de la eficiencia global de las instalaciones.
Eficiencia energética y sostenibilidad de los procesos
La mejora de la eficiencia energética es otro eje fundamental en la adaptación de la industria alimentaria al cambio climático. La incorporación de tecnologías más eficientes y la optimización de los procesos permiten reducir el consumo energético y las emisiones asociadas.
En este sentido, destacan actuaciones como:
- Optimización de procesos térmicos y de conservación, mediante sistemas de recuperación de calor y equipos de mayor rendimiento.
- Digitalización y control avanzado de procesos, que permiten ajustar el consumo energético a las necesidades reales de producción.
- Integración de energías renovables y autoconsumo, reduciendo la dependencia energética externa y la huella de carbono.
- Evaluación energética integral de las plantas, como base para la definición de planes de mejora continua.
El compromiso del CTNC con la industria alimentaria
Desde el CTNC se trabaja activamente en el desarrollo, validación y transferencia de soluciones tecnológicas orientadas a mejorar la eficiencia hídrica y energética de la industria alimentaria. A través de proyectos de I+D+i, servicios tecnológicos y asesoramiento especializado, el CTNC acompaña a las empresas en la implementación de estrategias que les permitan afrontar los retos derivados del cambio climático y la escasez de recursos.
La innovación aplicada, el conocimiento técnico y la colaboración con el tejido empresarial son claves para avanzar hacia una industria alimentaria más sostenible, competitiva y preparada para los desafíos futuros.